Puerto de Ribadeo (Lugo, Galicia). Fotos. mmhr/2009

miércoles, 20 de noviembre de 2024

Transformación

           Era consciente de la pérdida de energía, de vitalidad, de la finitud...

          No era capaz de tomar las riendas, se dejaba llevar por la vida como el agua del retrete corre al alcantarillado, deprisa, deprisa. Su mente estaba enturbiada por el humo de los ¿negros? No, negros, no, de los grises pensamientos que lo consumían día tras día.         

        Nada, no era capaz de hacer nada, excepto vegetar. Vegetar, sí, sentía como salían raíces de su cuerpo que lo ataban más aún al sillón; sus brazos, sus manos, sus dedos, empezaban a formar parte del nuevo ser en el que se estaba transformando. Unos pequeños apéndices habían surgido, hundiéndose en la carcomida cretona estampada del sillón; quiso coger aquella taza de té que estaba sobre la mesa, ya fría, pero no pudo. Sus pies, sus zapatillas, no podía moverlas, lo intentó con todas su fuerzas pero las raíces que salían de sus pies no solo traspasaban las zapatillas, se habían hundido en el parquet. Entonces pensó que realmente no estaba perdiendo energía, vitalidad..., no estaba llegando a la finitud...solamente su materia se estaba metamorfoseando (¡Ay, Kafka, si supieras!, suspiró)...El libro que estaba leyendo había caído sobre su regazo; una raíz de su muslo derecho atravesó el libro sujetándolo para que no cayera al suelo...Poco a poco se transformó la materia, el hombre, el sillón, el libro, y otros objetos cercanos, ahora formaban un todo en medio del salón, un roble cuyas ramas habían alcanzado el techo, rompiéndolo en busca del sol. mmhr/agosto-2016

lunes, 21 de octubre de 2024

No lo olvides

          Era noche cerrada, lluviosa, desapacible de un otoño que estaba siendo más frío de lo normal. En la habitación había dos camas, en una estaban los niños, tres, de seis, cinco y tres años, en la otra las dos chicas de doce y catorce; al lado estaba la alcoba del matrimonio, en la que yacía la pareja junto a la hija menor de apenas dos meses. Había nacido recién empezada la guerra.

          La chica mayor trabajaba desde hacía dos años de sirvienta en la casa de un abogado; la segunda ayudaba en casa, pues su madre no podía hacerlo todo sola. El padre, de cuarenta y dos años, trabajaba en una fábrica pero su salario no daba para vivir con desahogo, ni siquiera sumando la miseria que le pagaban a la hija mayor. Iban tirando, como se suele decir. La familia vivía modestamente.

          De pronto unos fuertes golpes les despertó, al principio creyeron que tronaba, pero los golpes se repitieron, estaban golpeando la puerta. El padre se levantó, iba ajustándose los pantalones cuando abrió la puerta y recibió un culatazo en la cara que lo tiró al suelo.       

          Dijeron su nombre, gritaron ¡este es el rojo! La mujer y las hijas mayores salieron en camisón, asustadas, con los gritos. La hija mayor vio a su padre sangrando en el suelo y se acercó recibiendo un empujón que la tiró también al suelo. Su esposa se dio cuenta de lo que pasaba, se lo iban a llevar, a darle el paseíllo...Les imploró, les rogó, pero de nada sirvió. Se lo llevaron, lo subieron al camión dónde iban otros vecinos del barrio...y no volvieron a verlo más.

          Todos fueron asesinados, en la tapia del cementerio y yacen en alguna de las fosas que hay en aquel lugar. 

          Su familia nunca olvidó, perdonó a sus asesinos (¡qué difícil debe ser!), y sus descendientes cuentan la historia de aquella noche a sus hijos y les dice que no lo olviden, para que aquel horror no se vuelva a repetir. mmhr/2020

 

jueves, 26 de septiembre de 2024

IDP 543

          
Al bajar del tren sacó un pitillo, buscó el encendedor y ¡vaya! no estaba en el bolsillo de su chaqueta. Entonces recordó que en el vagón restaurante un señor muy mayor le había pedido fuego. Total, que lo había perdido. Era importante que lo encontrara, de hecho no podía llegar a su destino sin el encendedor.
El tren ya había seguido su trayecto.
Un pasajero encontró en el pasillo un encendedor, parecía valioso. Por un instante decidió buscar al revisor y entregárselo. Seguro que a su dueño le gustaría encontrarlo. Empezó a observarlo. Era plateado, tenía incrustradas unas piedras semipreciosas. Al tocar una de ellas, se abrió una especie de compartimento minúsculo y algo cayó de su interior. Buscó durante un largo rato y al fin vió un cilindro dorado de proporciones casi microscópicas. Se agachó y lo cogió. Entonces sintió que sus dedos se quemaban. Sintió un dolor inaguantable y sus dedos se fueron descarnando a gran velocidad y en menos de treinta segundos sólo quedaban sus huesos en el suelo.
Nadie encontró explicación para aquel suceso. En el pasillo de un tren había aparecido un esqueleto.
Cuando leyó en el periódico la noticia supo enseguida que aquel esqueleto y su encendedor habían estado en contacto. El prototipo de destrucción instántanea IDP 543 no podía perderse y llegar a manos del enemigo. Pero no sería difícil encontrarla, pues iría dejando pistas fáciles de seguir.
Durante toda la semana los periódicos no hablaban de otra cosa: un misterioso esqueleto había aparecido en un tren. No habían trascendido a los medios los datos del examen hecho por los forenses, por lo que los mass media especulaban versiones inverosímiles que ofrecían expertos en diversas materias: policías, médicos, biólogos e incluso algún personaje experto en ocultismo. Se llegó a decir que todo había sido una broma -de mal gusto- que se le habría preparado al maquinista que hacia su primer trayecto para esta compañía ferroviaria, vamos que era una novatada.
El informe del forense determinó que los restos óseos encontrados correspondían a un hombre de entre 30 y 40 años, de 1'80 de estatura, al que le faltaban dos falanges del dedo corazón de la mano izquierda. No sabían casi nada más, probablemente correspondían a algún pasajero por lo que publicaron estos datos por si pudiera ser alguien que había desaparecido. No había restos de ninguna sustancia, los huesos estaban totalmente desprovistos de otros restos orgánicos, estaban limpios y relucientes, no habían estado enterrados,...era todo un misterio.
El IDP 543 contenía hasta seis cilindros dorados en otros tantos compartimentos secretos, lo que significaba que iría dejando un rastro de aquellos que lo manipulasen. La multinacional para la que trabajaba llevaba años subvencionando su investigación desde que les presentó el proyecto. Habían guardado en secreto toda la investigación, pero una de las últimas memorias entregadas había desaparecido por lo que era esencial encontrar el prototipo. El IDP 543 no tenían un gran coste de producción pero su valor era incalculable y su inventor tenía la intención de hacerse millonario. Durante años había trabajado en diferentes multinacionales y Estados sin conseguir salir de la mediocridad, era ambicioso y ¡por fin! había llegado su fortuna. Nunca aspiró a obtener premios o galardones por su trabajo, solo quería ser rico, riquísimo, sin importarle las consecuencias éticas de su invento. El IDP 543 siempre iría unido a su nombre (Ian Douglas Perkins) como la guillotina al Dr. Guillotin.
En la comisaría central, Frank Silver, jugueteaba con su encendedor; lo había sustraído del tren cuando fueron a inspeccionar el esqueleto. Le gustó desde el primer momento, lo vió a unos dos metros de los restos, brillaba, observó que ningún compañero ni el forense miraban en esa dirección y lo guardó en su bolsillo. Su compañero, Albert, se acercaba con los cafés por lo que se lo guardó rápidamente en el bolsillo de su pantalón. Tomaron sus cafés y recibieron una llamada del comisario, tenían un aviso de reyerta en un bar de la calle 15...
El Dr. Perkins tenía tres días como máximo para llevar el prototipo a la reunión del consejo de dirección de la multinacional.
En la comisaría Frank hacía el informe de la pelea para entregar al comisario. Cuando lo terminó se dirigió al despacho de este y lo dejó en su mesa; como no estaba el comisario aprovechó para echar una mirada y cogió una pluma que le llamó la atención guardándola en el bolsillo del pantalón. Entonces fue cuando notó que faltaba el encendedor. No recordaba haberlo sacado, ¿dónde lo habría perdido?
En el bar de la calle 15 los empleados se afanaban por limpiar y ordenar el local después de la pelea. Michael, uno de los camareros encontró un encendedor con aspecto de valer bastante y se lo entregó al encargado. Seguro que su dueño volvería por él. El encargado lo puso en un cajón de la mesa del pequeño despacho que había tras la cocina. Dos horas después cuando todos se habían marchado, lo sacó, lo observó y decidió quedárselo. Apagó las luces, cerró las puertas y decidió que ya era hora de fumar un cigarrillo. Sacó el pitillo, lo encendió y cuando iba a guardar el encendedor en su chaqueta notó algo que se movió, sí era un minúsculo compartimento en uno de los ángulos, allí dentro había un cilindro pequeñísimo, como una pila minúscula que intentó sacar agitando el encendedor. Tras varios intentos se desprendió y pudo cogerla, no sin antes tirar el cigarrilo que le estaba quemando los labios. Lo puso en la palma de su mano y prontó sintió que le quemaba ¿qué era aquello? No pudo pensar nada más. En la acera quedó su esqueleto...
Pasaron horas hasta que alguien que pasaba por allí lo descubrió y llamó a la policía.
Thomas llevaba muchos años rebuscando en los contenedores de basura. Como otros "sin techo" llevaba un carrito de supermercado lleno de sus pertenencias (hoy había encontrado una botas que le vendrían muy bien). Vio algo que brillaba en el suelo, se agachó y cogió el encendedor. Tenía incrustadas piedras de colores en el metal dorado, no se le ocurrió que fuera valioso pero le gustó y se lo quedó...
Al día siguiente los periódicos traían grandes titulares ¡DOS ESQUELETOS HAN APARECIDO! rodeados del mismo misterio que el del tren. Uno en la puerta de un bar de la calle 15 y otro muy cerca, en un cajero automático donde solían dormir algunos "sin techo".
El Dr. Perkins tomó nota de la dirección. Tenía que encontrar el IDP 543, ya iban tres muertos, el pánico se extendía por la ciudad. Buscó por la zona, con discreción pero no lo encontró.
Marla, la limpiadora del banco donde encontraron uno de los esqueletos, limpiaba el lugar después de irse la policía; detrás de un macetón encontró el encendedor y se lo quedó. Su marido se pondría muy contento cuando se lo diera. Cuando volvía a casa llevaba su mano en el bolsillo del abrigo, sus dedos tocaban, acariciaban el encendedor y pensaba en su marido. De repente, empezó a sentir un ardor en sus dedos ¡se estaba quemando!
Quedaban dos días para la entrega del prototipo cuando en las noticias de la ABC anunciaron que habían encontrado el cuarto esqueleto cerca de la estación de metro de la calle 14.
El Dr. Perkins se dirigió hacia allí con la esperanza de hallarlo antes de que llamara más la atención. El caso de los esqueletos tenía a la ciudad aterrada. Aunque los informes del forense no decían nada nuevo, solo datos como los del primero sobre la edad, sexo y complexión, la gente pensaba que un loco andaba suelto y rociaba con ácido a sus víctimas. Así que ya se hablaba del "asesino del ácido". Nada más lejos de la realidad.
La secretaria del presidente de la multinacional llamó al Dr. Perkins para recordarle que la reuníón se celebraría el viernes a las 15:00 horas. Tenía que apresurarse en encontrarlo.
Frank Silver no podía creer la suerte que tenía, había encontrado el encendedor, pero lo que no podía creer es que estuviera junto al último esqueleto encontrado. Era un misterio, pero, bueno, ya estaba en su poder. De vuelta a la comisaría Albert le dijo que le había visto guardarse algo de la escena del crimen en el bolsillo; hacía tiempo que había notado la afición de Frank por apropiarse de lo ajeno, no solían ser objetos valiosos pero en algunos casos, como este, podían ser esenciales para esclarecer el caso. Frank se lo enseñó y Albert lo tomó en sus manos, le dio la vuelta, le pareció un objeto muy singular, nunca había visto nada igual. Pararon ante un burger y Frank salió a comprar unas hamburguesas mientras Albert seguía embelesado con el encendedor. Miraba las piedras, seguro que el encendedor era de algún millonario, entonces sintió que una de las piedras se levantaba dejando un minúsculo compartimento abierto. En el interior había un pequeñísimo cilindro dorado, intentó extraerlo con la uña y entonces empezó a sentir quemazón en el dedo...
Cuando Frank volvió descubrió aterrorizado el esqueleto de su compañero sobre el volante. Asustado empezó a gritar, la gente se arremolinaba alrededor del coche patrulla. Entre los curiosos estaba el Dr. Perkins, quién hábilmente y con sumo cuidado abrió el coche para llamar pidiendo ayuda pues el otro policía seguía histérico. Allí a los pies de lo que quedaba de Albert estaba el IDP 543, lo recogió y para cuando llegaron la ambulancia y dos coches de policía, él ya se había alejado.
Aún quedaba un cilindro en el interior, menos mal. Podría hacer la demostración en la reunión del consejo. Estaba en su casa, tenía que preparar la presentación para el viernes. Para la demostración había pedido que le llevasen un chimpancé del laboratorio a la sala de reuniones, enjaulado por supuesto. Ya en los ensayos había utilizado varios. Resultaba obvio que el efecto en humanos era todo un éxito. La policía no averiguaría nada y cerrarían el caso. Quizás con el tiempo cuando el IDP 543 se usara como un arma de modo habitual alguien relacionara los esqueletos con ella...
Llegó el viernes. El Dr. Perkins estaba en la sala ante el consejo de dirección. Junto a él en una jaula estaba el chimpancé. Hizo la presentación del proyecto. Evidentemente podría aplicarse a otros objetos cotidianos, tener más o menos cilindros...Había causado gran expectación, querían ver la demostración. Se murmuraba cuánto podrían ganar con el IDP 543.
El Dr. Perkins tomó el encendedor que tenía en su maletín, y se acercó a la jaula. Empezó a juguetear con él para llamar la atención del chimpancé, que sacó el brazo y se lo quitó de la mano. El primate lo miró, lo olió y lo lanzó fuera de la jaula. Perkins, irritado, lo recogió y pronto sintió que su mano se quemaba..., al instante solo quedó un esqueleto sobre la alfombra. Sí, había caído ciego por su ambición víctima de un invento terrorífico. Al caer el encendedor al suelo de manera violenta, se había abierto uno de los resortes y... mmhr/2014
Gracias, Xabier, por animarme.


miércoles, 17 de julio de 2024

Sueños bilingües

 Sueños bilingües

Dream, dream, dream, 

you may say I'm a dreamer 

but nothing only one. 

I dream, I have a dream.

Sueño, sueñas, sueña, soñamos, soñáis, sueñan

¿y quién no? 

Despierto, dormido, en la juventud o en la madurez, 

hay que tener sueños y soñar que los alcanzas,

even when you are un viejito.

Sueño despierto, sueño contigo, 

sueño despierto que sueñas conmigo,

soñamos un sueño, 

 we got that dream but...one day it finished.

Soñando que estoy en un sueño contigo. 

Soñando que estás despierto conmigo. 

Me despierto y el sueño se ha ido. 

Sigo soñando y estoy contigo.

Soñando me despierto, despierto te sueño, 

soñamos el sueño infinito.

Dreaming in heaven, dreaming with you.  

Sueña, sueño, soñamos el sueño infinito, 

en un bucle de sueños, de sueños bonitos,

 en el helado Ártico siempre contigo. 

Sueño de fuego, en el hielo contigo. mmhr/2017-2024

sábado, 6 de julio de 2024

H2O

H2O

        El agua se acabó. Los ríos secos unos, contaminados otros. Ahora la humanidad ha hecho grandes inversiones en desaladoras que se extienden por todo el mundo. Para ello dejaron de invertir en educación y en sanidad.

        Hoy somos menos habitantes y más analfabetos y hay más guerras por conseguir el oro líquido, el agua. mmhr/2024 

viernes, 5 de julio de 2024

La cárcel

 La cárcel

                Era horrible estar preso. Carecer de libertad era inhumano. No podía hacer nada por sí mismo. Ayer le llevaron al hospital y con unas grandes tijeras le quitaron la escayola que cubría gran parte de su cuerpo. mmhr/2024

jueves, 4 de julio de 2024

Posesión

 Posesión

                Mi abuela ha muerto. La siento dentro de mí. Quiero que se vaya, que me deje. Querría que no se fuera, que no se hubiera ido pero así no puedo vivir. Hay que enterrarla y así se irá y yo no haré daño a nadie más. mmhr/2024

sábado, 27 de abril de 2024

Cajas

 Cajas

Cajas de cartón vacías

montan las operarias.

¿Qué contendrán mañana?

Cajas llenas de ilusiones,

Cajas llenas de desengaños.

Cajas, cajas y más cajas

montan las operarias.

Cajas de cartón vacías

montan risueñas las operarias.

Y así pasan el día montando

cajas de cartón vacías.

Entre sonrisas y cartón

montan las cajas vacías.

Se apilan desordenadas,

se sientan en ellas,

charlan y ríen

mientras miran las cajas vacías. 

mmhr/2023

miércoles, 24 de abril de 2024

Alba

 Alba

Apenas ha llegado al mundo. Duerme plácidamente. Labios relajados con forma de corazón, ojos rasgados, nariz pequeña, mofletes rosados, brazos hacia arriba con las manos semicerradas. Mirarla, olerla, sentirla respirar me llena de gozo. mmhr/2024

martes, 23 de abril de 2024

Nada y todo

 Inspirado en un poema de Gloria Fuertes

Nada y todo

Ni fui sal, ni arena,

ni agua, ni sombra

y sin embargo soy

sal de tu vida,

arena de tu suelo,

agua que sacia tu sed,

sombra que te cobija

del sol ardiente. mmhr/2023

domingo, 21 de abril de 2024

Despedida

Despedida

Antes de irme, quiero decirte

que has sido sol en mi vida,

que el mar nos envolvió

cada día con sus olas

para arropar el amor

que nos dimos tantos años.

Antes de irme, quiero decirte

que me hiciste feliz

cada día con tus abrazos,

que el sol siga

iluminando tu camino. mmhr/2023

viernes, 19 de abril de 2024

No quiero

 Poema inspirado en el "No quiero" de ÁNGELA FIGUERA AYMERICH

NO QUIERO

No quiero

que los niños mueran

ni la guerra se venda

ni se compre la paz

ni se alquile el cariño.

No quiero

que el maíz se queme y el pan falte.


No quiero

que haya hambre en las casas

que haya sangre en las calles,

que haya dolor en los ojos.


No quiero

que en los labios se encierren silencios,

que en las arcas se encierren riquezas,

que en la cárcel se encierre a los inocentes.


No quiero que el campesino trabaje sin agua

que el pescador navegue sin brújula,

que en la fábrica no haya rosas,

que en la mina no vean el sol,

que en el colegio no ría el maestro.


No quiero

que las madres no tengan sonrisas,

que las chicas no tengan amores,

que los padres no tengan trabajo,

que a las niñas les traigan los Reyes

pijamas de punto y lápices.


No quiero

que el mundo se parta en trozos,

que en el mar se establezcan imperios,

que en el aire se agiten espadas

que en los vestidos se pongan símbolos.


No quiero

un hijo soldado,

que los hijos de padre desfilen

con fusil y con sangre en sus manos;

que jamás se lancen bombas

que jamás se fabriquen misiles.


No quiero

que me manden dictador o tirano,

que me espíe la vecina de enfrente,

que me pongan grilletes y mordazas,

que decreten lo que es libertad.


No quiero amar en silencio,

gemir en silencio

cantan en silencio.


No quiero

que me cierren los labios

cuando grito NO QUIERO...

Mercedes Humanes

mmhr/2023

miércoles, 17 de abril de 2024

Haikus (II)

 Otoño 

El cielo es gris,

y no se ve el sol rojo

ya no calienta.

Tarde otoñal

Lluvia cortante,

el suelo es amarillo.

Tarde otoñal.

Amor 

Labios rosados,

sonrisa cristalina.

El amor ríe.

Agua 

Cascada de agua

del manantial oscuro

al río salta.

mmhr/2023

lunes, 15 de abril de 2024

domingo, 14 de abril de 2024

Loba negra

        Lo empecé a final de octubre y me costaba leerlo con atención. Me lo llevé para leer en unas vacaciones y ni lo abrí. Cuando volví a casa, estaba allí, colocado junto a mi sillón favorito pero siguió cerrado. Ayer lo llevé a la estantería para mejor ocasión y cogí otro que me ha enganchado...Luego, no es que tenga problemas de concentración otra vez...Ha pasado casi un año y aunque lo he vuelto a coger...ha vuelto a la estantería. Ha hecho más de 2000 km conmigo (otro viaje) y no lo he abierto, he preferido dos que me compré en el lugar de vacaciones y que me he "bebido". Sigue a la espera de otra oportunidad, no lo descarto.

        

                Finalmente, lo leí. Me puse en ello y me gustó. Ahora creo que han hecho una serie, seguro que  engancha más por aquello de los recursos audiovisuales. Me cae bien el inspector Jon Gutiérrez. Antonia me inquieta, me hace pensar cuántas Antonia Scott habrá en la realidad.

    "A Jon no le gustan los cadáveres en el río Manzanares.

        No es una cuestión de estética. Este cadáver es muy desagradable (parece que lleva mucho tiempo en el agua), con la piel cerúlea repleta de manchas violáceas, las manos casi separadas de las muñecas. Pero no es cuestión de ponerse exquisitos".

jueves, 26 de octubre de 2023

El Café de París

          El frío la despertó, sentía la humedad en sus huesos. Clara se envolvió en la bata, intentando entrar en calor, y se asomó por la ventana. La tarde se iba, la gente, protegida del frío con gruesos abrigos, deambulaba cargada de regalos navideños.

          Necesitaba salir, hablar con alguien...Se dio una ducha caliente y se vistió. Bien abrigada bajó a dar un paseo, caminando sin rumbo por las calles adornadas con luces de colores. En los comercios sonaban villancicos. Se sentía extraña, como si fuera otra persona, su vida había dado un giro. Las circunstancias la habían llevado a esta ciudad, provinciana, lejos de todos sus conocidos pero no importaba, saldría adelante.

          Frente a ella en la plaza, el letrero luminoso del Café de París parecía llamarla, entró y una oleada de calor la acogió. Tomaría un expreso. Encontró una mesa libre en un rincón, junto a la ventana de cristales empañados, se despojó del abrigo y se sentó. La cafetería estaba llena, tardarían en servirla.

          Se asustó al oír a la camarera preguntar qué quería; estaba sumergida en sus pensamientos y no la oyó. La pobre muchacha se disculpó y tomó nota del expreso. El café la reconfortó. Mañana empezaba a trabajar en un lugar nuevo pero, estaba acostumbrada...

          Después del café estuvo paseando, deambulando por las callejas viendo a la gente eufórica con las últimas compras, regalos y más regalos, en fin, algo de lo que este año se libraría; como estaba sola no tendría que hacer esas compras que, a veces, le habían emocionado.

          A las siete de la mañana sonó el despertador desafiante. Se sentía muy animada, tarareaba una canción de Phil Collins. Eligió un traje pantalón de color gris, una camisa color melocotón, zapatos cómodos y se puso un grueso abrigo. Desayunaría en el camino, en cualquier bar cercano a la facultad.

          Grupos de estudiantes se dirigían a clase con premura (por el frío, seguramente). Entró en la secretaría y se presentó. Carmen -así dijo llamarse-, la ayudante del decano, la estaba esperando. El decano estaba en un congreso, así que ella se encargaría de informarle sobre todo lo concerniente a sus clases.

                                                                ****

          En otro lugar de esa misma ciudad, Marta aceleró el paso hacia el Café de París. Llovía incesantemente. Se había refugiado en aquel café, que era su favorito desde hacía tiempo. Pidió un té y al poco tiempo, el camarero le sirvió una tetera humeante de la cual emanaba un dulzón y agradable aroma a canela y menta.
          Mientras se tomaba una taza, a pequeños sorbos, lentamente, miró a través de la ventana empañada por el calor del local. La gente se apresuraba de aquí para allá, calándose bajo la lluvia. Se estremeció, un espasmo de frío le provocó un ligero temblor y le obligó a echarse el abrigo sobre los hombros.
          Aquel café se encontraba en una plaza de la cual partía una alameda. Los árboles desnudos se mecían con el viento...

          Desde hacía años, su empresa la enviaba a esa ciudad para presentar la nueva campaña de sus productos. Siempre en la misma fecha, era la campaña navideña. Siempre la lluvia era la protagonista en los pequeños ratos libres y su refugio, el Café de París. Le hubiera gustado ir alguna vez en primavera y pasear bajo los álamos, y oler las rosas de los jardines...
          Se sirvió otra taza y empezó a recordar la segunda vez que estuvo allí. Ese año no había ido sola, la había acompañado Esther, su secretaria. Tenían que ver a uno de los clientes cuando, de pronto, les sorprendió un aguacero y buscando donde protegerse, encontraron este café. Fue Esther la que pidió esta variedad de té, y a ella le gustó tanto, que ya siempre lo pedía.
          Recordó a Esther, una vez más. Imposible no recordar. Tendría que haber dejado de ir a esa ciudad y a ese café. El aroma de su taza le hacía evocar a su secretaria, lo que le producía una extraña y dolorosa sensación.
           Habían charlado mientras esperaban a que escampara. Esther llamó al cliente y atrasaron la cita para una hora después de la concertada. Era una chica muy agradable y eficiente. Además prefería ir acompañada, y sus jefes no pusieron ningún problema cuando les dijo que viajaría con ella.
           Esther, se disculpó, y fue un momento al baño, dejando caer su abrigo en la silla.
Pasaron quince minutos y Esther no volvía. El móvil empezó a sonar con una cancioncilla vulgar y al poco se calló.
           Veinticinco minutos. Le pareció mucho tiempo. Iban a llegar tarde a la cita y no se lo podían permitir, la empresa necesitaba a aquel cliente.

          Bueno, quizás se estaba retocando, pero, su móvil volvió a sonar. Miró la pantalla sin atreverse a contestar. No le parecía bien, podía ser alguna llamada privada. Era una llamada oculta.

          Treinta minutos. Se levantó y fue hasta el baño. Pensó que tenía que haber ido antes, ¿y si le había ocurrido algo? El baño estaba cerrado. Llamó y nadie respondió. Volvió a llamar, pero nadie respondía.
          Salió, se acercó a la barra y le explicó al camarero lo que ocurría. Este, tomando la llave, fue con ella e intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada por dentro... Entonces, empezó a empujar, fuertemente, hasta que una fuerte patada hizo saltar el pestillo...Allí ¡no había nadie!
          Le dijo que eso era imposible, la había visto entrar, no le cabía la menor duda, y no había salido. Su abrigo, su móvil estaban allí en la mesa. El baño no tenía ventana, pero Esther había desaparecido, sin dejar rastro, delante de sus narices y no volvió a saber de ella.

                                                                     ****

          Clara se acostumbró al Café de París y casi todas las tardes de camino a casa se detenía a tomar un expreso. Los días navideños pasaban pero la gente seguía invadida por el consumismo característico de nuestra sociedad. Aquel día el café estaba atestado, no quedaba una mesa libre, ni siquiera podía acercarse a la barra. Se dirigió al servicio, había cola..., esperó su turno pero cuando iba a entrar se le cayó el bolso desparramando todo su contenido; estuvo recogiendo sus cosas y cuando terminó se dio cuenta que se había quedado sola. Bueno, por fin podría entrar al baño. No podía abrir la puerta, parecía atascada o ¿es que aún quedaba alguien dentro? Empujó con el hombro y la puerta cedió...¡Oh! ¡Estaba ocupado! Se disculpó saliendo rápidamente. Unos minutos después salió la chica dirigiéndose al lavabo...y allí seguía, mirándose en el espejo con una rara expresión cuando Clara terminó de lavarse las manos.

          El café estaba bastante despejado cuando Clara volvió del servicio. Se sentó en una mesa a esperar su expreso. Le encantaba ver como la camarera, sin preguntarle ya, le servía el expreso a su gusto. Llevaba un par de semanas pero aún no había salido con nadie de la facultad, la verdad es que le gustaría conocer gente, hacer amigos, quizás era pronto.

          Vio a la chica que se dirigía hacia donde ella estaba, no, fue hasta la mesa de al lado y, no supo que pasó pero se formó un revuelo, había una mujer en el suelo, desmayada...La estaban atendiendo. Cuando volvió en sí no dejaba de repetir ¡No es posible! ¡No es posible! dirigiéndose a la chica del baño, la rara, que se estaba sirviendo una taza de té. ¿De dónde sales Esther? ¡Estás igual que el día que desapareciste! Esther miró a Marta, tomó un sorbo de té, no sabía de qué estaba hablando, sólo había ido un momento al baño y girándose hacia Clara le dijo que ella lo podría corroborar, pues habían coincidido en los lavabos...

                                                                  ****

          Es primavera. El Café de París tiene su terraza llena y animada; en una de sus mesas tres amigas conversan, recuerdan cuando se conocieron. Clara las conoció, a Marta y a Esther, en este lugar, hacía varios años. Marta había ascendido, era la directora de la nueva delegación de su empresa en esta ciudad provinciana; Esther siguió con ella como secretaria; Clara, había encajado bien en la facultad. El decano, sus compañeros, los alumnos..., aquella ciudad provinciana..., sus dos amigas...La camarera se acerca, sirve un expreso a Clara y deja una tetera humeante que desprende un olor a canela y otras especias, para Esther y Marta. Esta le contaba la desaparición de Esther unos años antes de que las tres coincidieran allí; Clara nunca supo porqué se inventó esa historia, parecía obsesionada con ella. Esther se reía, mientras se tomaba la taza de té, no entendía nada, ¿por qué Marta se inventó aquella historia de su desaparición? Tampoco le explicó nunca qué hizo con su abrigo y su móvil y por qué cada vez que necesitaba ir al baño, la acompañaba. mmhr/2016


Foto: mmn/2011

jueves, 24 de agosto de 2023

Microrrelatos

Microrrelatos de 6 palabras

1. EL FINAL 

Al despertar supo que había muerto.

2. LA MINA

Oyó ¡clic! Todo se acabó ¡Boom!

3. VAMPI

Besó su cuello. 

El ataúd esperaba.

4. LOCURA DE AMOR

La amaba con locura. 

Quedó ciego.

5. AMOR VERDADERO

Dejó todo por amor. 

Feliz dependencia.

6. LA DERROTA

Cayó rendida. 

El amor la desarmó.

7. LA MONTAÑA

Decidió bajar. 

Mahoma no la esperaba.

mmhr/2023

sábado, 19 de agosto de 2023

Madona con abrigo de piel

                     Sabahattin Ali es el autor de esta obra en la que se trata una historia de amor singular y difícil de olvidar.

                    Un joven turco llega a Berlín para aprender los secretos del negocio de su familia, la fabricación de jabones. Es un joven soñador, inexperto, amante del arte y de la literatura que se dedica a leer y a visitar exposiciones. Una tarde se queda extasiado ante un retrato de una joven y poco después la conocerá, cambiando su vida para siempre. Los desencuentros entre el deseo y la realidad, la relación entre Oriente y Occidente, un atisbo de entendimiento entre dos mundos que parecen irreconciliables.

                    

                Era como si el interés que hasta ese momento había escatimado al género humano, el cariño que no había experimentado por nadie, se hubiera acumulado en mi interior y saliera ahora en todo su esplendor gracias a esa mujer. 
                        

                        El autor, nació en 1907 en una región del Imperio otomano que hoy pertenece a Bulgaria, fue uno de los pionero de la novela turca moderna. Educado en Turquía y en Alemania, escribió poesía, novelas y relatos. Hombre de letras, gran erudito y socialista convencido, fue propietario y editor de un semanario de sátira política en los años cuarenta. Estuvo encarcelado en dos ocasiones por sus criticas al gobierno de Kemal Atartürk. Sus libros fueron prohibidos hasta 1965. Falleció en extrañas circunstancias mientras intentaba cruza la frontera búlgara escapando de su país natal en 1948, porque no podía ganarse la vida ni como profesor. mmhr/2023

jueves, 17 de agosto de 2023

Un largo sueño en Tánger

                        El autor de Un sueño en Tánger, Antonio Lozano, ha hecho que me sumerja en una preciosa historia, que me he leído en dos ratos absorbida hasta perder la noción del tiempo.

                        Su protagonista, Isabel, se encuentra en como por un accidente y desde ese estado nos cuenta su vida, sus circunstancias en una sociedad en la que los valores que han dirigido su vida han cambiado: su drama personal, su relación con los marroquíes en una ciudad que ya no es colonia española. Ella desde el silencio llevará acabo una revisión de toda su vida como española, como mujer española en esta ciudad mediterránea.

                        Esa revisión la lleva a una catarsis vital en la que la sororidad tiene un papel muy importante.

                Volví a suplicarle al tiempo que pasara veloz, a la noche que regresara pronto, que acudiera en mi auxilio. Cada día me reservo, para cuando se haya vaciado la habitación, algo de lo ocurrido, alguna conversación escuchada, un sentimiento herido y, cuando es posible, un momento agradable que paladear. Pero ahora quisiera dormir, necesito descansar.

                --No sabe cuántas veces me he sentido pequeña frente a usted, señora, y para qué contar frente al señor...Pero con usted, señora, me he sentido muchas veces como la última y más miserable criatura de la Tierra.
mmhr/2023


Entradas populares