Puerto de Ribadeo (Lugo, Galicia). Fotos. mmhr/2009

martes, 12 de diciembre de 2017

Los planes de Taciturno

Taciturno, se preguntaba qué haría a partir de mañana. Pensativo, realmente no sentía ninguna prisa, pero tampoco debía perder el tiempo en boberías. Reflexivo, ¡cuándo no! Impulsivo ¡como siempre! Ansiaba ese día pero tampoco quería que por darle tanta importancia al final no llegase...
Filosofando sobre esto o aquello, sobre que sería lo mejor para cada uno y lo difícil que sería llegar a una conclusión. Le empezó a doler la cabeza.
Lo mejor sería dejar el tiempo pasar, transcurre rápido a esta edad y, antes de que se diera cuenta...empezaría la aventura de la jubilación, ¡tanto por vivir en tan poco tiempo! Sin reloj, ni calendario pero, sin olvidar las pastillitas, buena compañía, el protector solar y echar a andar. 
Mañana, ¿mañana? No, realmente no era mañana, pero le ilusionaba pensar que estaba a la vuelta de la esquina. ¡Por fin iba a tener tiempo para sí mismo!  Después de una vida llena de obligaciones, sería libre, bueno, es una manera de hablar; libre era también ahora...pero cuando llegue mañana, vale "mañana", será más libre aún porque podrá hacer cualquier cosa, como ir a ver el Perito Moreno, un caprichito que tiene hace años, o ir a Oklahoma o Sarajevo, o a Santander ¡ojú! ya le duele otra vez la cabeza...
No tenía que pensar nada de antemano, nada de programaciones (palabra prohibida en esa etapa). Se hará lo que se tenga que hacer, si se quiere y se puede pero ¡nadie! (excepto el dr.) le dirá que hará con los años que queden de disfrute vital. mmhr/2017

viernes, 21 de julio de 2017

Las edades

La niñez, bendita inconsciencia,
asombro en los ojos,
risa en el alma.
La adolescencia, la consciencia despierta,
miedo, a todo y a nada,
soberbio espíritu de contradicción.
La juventud, apenas llega se va,
dejando un sabor agridulce,
un no sé qué de vivir sin haber vivido.
La adultez responsable, corre, vuela,
sin reconocerse en el espejo,
en los ojos de los otros…
La madurez, repentina,
pero, ¿cómo ha llegado sin avisar?
El mundo que te rodea ha cambiado,
no entiendes nada,
escuchas lo que dices y piensas,
¿es real? ¿Estoy soñando?
Es real, por supuesto.
apenas nacimos ayer y
ya estamos llegando al final.
La vejez, hoy prolongada con
pastillas rosas, azules, anaranjadas…
¿Y si todo es un sueño?
¿Y si despertamos en los brazos
de mamá? Ilusión,
esperanza, miedo, locura,
desatino…
Así pasan las edades del hombre,
raudas, veloces,
sin darnos tiempo a saborearlas,
a vivirlas intensamente. mmhr/2017

lunes, 3 de julio de 2017

Yo, Daniel Blake

I, Daniel Blake es una película del director británico Ken Loach. Se estrenó en el Festival de Cannes de 2016 donde se alzó con la Palma de Oro. Su guionista es Paul Laverty, colaborador frecuente de Loach. Se empezó a filmar en octubre de 2015 en Newcastle upon Tyne y alrededores.

 


Título original: I, Daniel Blake
Países: Reino Unido y Francia
Año: 2016
Director: Ken Loach
Guión: Paul Laverty
Música: John Fenton
Fotografía: Robbie Ryan
Género: Drama social
Reparto: Dave Johns, Hayley Squires, Briana Shann, Dylan McKiernan, Kate Rutter, Sharon Percy, Kema Sikazwe, Steven Richens, Amanda Payne.
Premios: 
2016: Festival de Cannes: Palma de Oro
2016: Premios BAFTA: Mejor film británico. 5 nominaciones
2016: Premios Goya: Nominada a Mejor película europea
2016: Premios César: Mejor película extranjera
2016: Premios David di Donatello: Mejor film de la Unión Europea
2016: Premios del Cine Europeo: 4 nominaciones, incluyendo Mejor película
2016: Festival de San Sebastián: Premio del público
2016: British Independent Film Awards (BIFA): Mejor actor. 5 nominaciones
Sinopsis: Daniel Blake es un carpintero de 59 años en el noroeste de Inglaterra que cae enfermo del corazón y requiere asistencia estatal. Sin embargo, a pesar de que el médico le ha prohibido trabajar, la administración le obliga a buscar un empleo si no desea recibir una sanción. Mientras intenta superar los obstáculos burocráticos que le impiden conseguir esta asistencia, conoce a Katie, una madre soltera, que, para escapar de un albergue de personas sin hogar, debe mudarse a una residencia en un piso a más de 500 km.
 

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