Puerto de Ribadeo (Lugo, Galicia). Fotos. mmhr/2009

viernes, 17 de junio de 2016

Andresito

Y ahora ¿qué? ¿Es que había enloquecido? No sabía quién era ni dónde estaba. Siguió caminando de un modo errático, dejando que sus pies lo llevasen hasta ¿su casa? No reconocía nada de cuanto le rodeaba…¿Cómo había olvidado hasta su nombre? Harto de vagar por las calles de aquella ciudad gris se dirigió hacia un parque que había cerca. Siguió caminando un poco más bajo una rosaleda que le regaló el perfume de sus flores. Ese olor le resultaba familiar; se fijó en un niño que jugaba con la tierra haciendo una montaña por dónde subía un caballito de juguete. Ese niño …, él conocía a ese niño, era Héctor, el hijo de su vecina Luisa, la amiga de su mamá. Héctor era su mejor amigo, iban juntos al cole. Pero ¡qué disparate! ¿Cómo iban a ir juntos al cole si él era un hombre maduro? No entendía lo que estaba pasando. Entonces oyó una voz que le llamaba, sí, a él, “Andrés, Andresitooo, ¿dónde estás? ¿Dónde te has escondido? Ven o me enfadaré y te quedarás sin merienda”. Él era Andresito, su mamá lo estaba buscando y él, aunque había recordado su nombre y empezado a recordar a su amigo y a su madre, tenía toda la certeza de ello, no reconocía nada más del entorno ni sabía qué había ocurrido. Su madre se veía más joven que él mismo. Una locura. Recordó que estaba jugando con Héctor, con la arena, cuando decidió ir a los columpios, se montó en uno y empezó a balancearse fuerte, cada vez iba más alto, más alto y ya no recordaba nada más que su vagabundeo por las calles hasta llegar al parque. mmhr/2014

miércoles, 15 de junio de 2016

La vida cotidiana en Bornos durante la Guerra Civil (II)

Durante la Guerra Civil, en la zona nacional, era habitual que las postales, los sobres y el papel de carta estuvieran ilustrados con imágenes de Franco, símbolos franquistas, consignas y eslóganes. Hay un blog dedicado a este tema bastante interesante (Cartas y Guerra Civil: 1936-1947), cuya dirección es http://cartasguerracivil1936-1947.blogspot.com.es/, aunque las últimas entradas son de 2011. También era habitual la censura, en ambos bandos, pero el franquismo la extendió hasta 1947.
Hoy les pongo un ejemplo de una carta de mi familia con la curiosidad que contiene unas líneas, añadidas por el censor, personales, que era también un pariente. Como en todas las familias españolas (o casi todas) hay personas en ambos bandos, hay guardias civiles, falangistas, socialistas, anarquistas, católicos, ateos -menos- y mucha beatería en las mujeres -que era lo propio de la época. Así se explica que a mi abuelo su padre lo desheredara por socialista, pacifista y ateo (como yo, y eso que no lo conocí, afortunadamente a mi no me podían desheredar, simplemente no había nada que heredar, excepto los genes).
En esta carta la tía Clotilde (tía bisabuela materna) escribe a su sobrina Clara (mi tía abuela materna). Bornos (Cádiz) quedó bajo mando nacional desde el primer momento del golpe de Estado y la Guardia Civil fue la encargada de que esa situación se mantuviera.



Transcripción de la parte (personal) que añade el censor (guardia civil) y fotografía de este

Dolores Díaz Armario y  su esposo Ávila
Clara como estoy en la censura al encontrarme esta carta de tu tía Clotilde te
pongo en la misma estos renglones para que sepas que estamos bien y decirte que te contesté a la que nos mandaste contándonos el fallecimiento de tu niño. De tu madre y hermana hace tiempo que nada sabemos de ellas, tu tía quiere saber la dirección de tu madre para escribirle pues hace día que está queriendo que te escriba pero ando muy ocupado con los cargos que tengo ahora.
Sin otra cosa un afectuoso saludo a Manuel y tú un fuerte abrazo de tu tía, como igualmente de este tu tío.
                                                                            Ávila [firma solo con su apellido]

martes, 7 de junio de 2016

Temple Grandin

Temple Grandin (n. 29 de agosto de 1947 en Boston, Massachusetts) es una zoóloga, etóloga, y profesora de la Universidad Estatal de Colorado y una diseñadora de mataderos. Se doctoró en Ciencia Animal en la Universidad de Illinois. Actualmente es profesora de comportamiento animal en la Universidad de Colorado. Además, es autora de libros como Thinking in Pictures e Interpretar a los animales.
Es una gran defensora del bienestar de los animales, sobre todo de los animales explotados por la industria ganadera. Ha reformado mataderos y ranchos a lo ancho y largo de los Estados Unidos en defensa de una vida y una muerte significativamente menos dolorosa. Considera que las medidas bienestaristas contribuyen a que la industria de la explotación animal funcione de un modo "seguro, eficiente y rentable".
Debido a su condición de autismo, considera que el pensamiento de una persona con esta condición es una especie de apeadero entre el pensamiento animal y el humano. Esto la ha llevado a realizar experimentación y a profundizar no sólo en la etología sino también en la neuropsicología.
En 2010 se hizo un telefilme sobre esta profesora que me ha hecho comprender mejor a las personas autistas. Aún queda mucho por hacer. 
El diagnóstico precoz y la familia tienen una gran importancia en el desarrollo hasta la total autonomía de una persona autista. La ignorancia sobre sus características, el cómo abordar su aprendizaje desde el ámbito familiar, social y político-administrativo, etc. representan un handicap que debemos superar para que puedan vivir con plenos derechos.

Título original: Temple Grandin (TV movie)
Año: 2010
País: Estados Unidos
Director: Mick Jackson
Guión: Christopher Monger, Merritt Johnson (Libro: Temple Grandin, Margaret Scarciano)
Música: Alex Wurman
Fotografía: Ivan Strasburg
Reparto: Claire Danes, Julia Ormond, Catherine O'Hara, David Strathairn, Melissa Farman, Barry Tubb, Stephanie Faracy, Jenna Hughes, Steve Shearer, Richard Dillard, David Born
Género: Drama | Biográfico. Discapacidad. Autismo
Sinopsis: Biopic sobre Temple Grandin, una mujer autista nacida en 1947 que se convirtió en una de las científicas más brillantes de su tiempo.

viernes, 3 de junio de 2016

El Café de París

El frío la despertó, sentía la humedad en sus huesos. Clara se envolvió en la bata, intentando entrar en calor, y se asomó por la ventana. La tarde se iba, la gente, protegida del frío con gruesos abrigos, deambulaba cargada de regalos navideños.
Necesitaba salir, hablar con alguien...Se dio una ducha caliente y se vistió. Bien abrigada bajó a dar un paseo, caminando sin rumbo por las calles adornadas con luces de colores. En los comercios sonaban villancicos. Se sentía extraña, como si fuera otra persona, su vida había dado un giro. Las circunstancias la habían llevado a esta ciudad, provinciana, lejos de todos sus conocidos pero no importaba, saldría adelante.
Frente a ella en la plaza, el letrero luminoso del Café de París parecía llamarla, entró y una oleada de calor la acogió. Tomaría un expreso. Encontró una mesa libre en un rincón, junto a la ventana de cristales empañados, se despojó del abrigo y se sentó. La cafetería estaba llena, tardarían en servirla.

Se asustó al oír a la camarera preguntar qué quería; estaba sumergida en sus pensamientos y no la oyó. La pobre muchacha se disculpó y tomó nota del expreso. El café la reconfortó. Mañana empezaba a trabajar en un lugar nuevo pero, estaba acostumbrada...
Después del café estuvo paseando, deambulando por las callejas viendo a la gente eufórica con las últimas compras, regalos y más regalos, en fin, algo de lo que este año se libraría; como estaba sola no tendría que hacer esas compras que, a veces, le habían emocionado.
A las siete de la mañana sonó el despertador desafiante. Se sentía muy animada, tarareaba una canción de Phil Collins. Eligió un traje pantalón de color gris, una camisa color melocotón, zapatos cómodos y se puso un grueso abrigo. Desayunaría en el camino, en cualquier bar cercano a la facultad.
Grupos de estudiantes se dirigían a clase con premura (por el frío, seguramente). Entró en la secretaría y se presentó. Carmen -así dijo llamarse- la ayudante del decano la estaba esperando. El decano estaba en un congreso, así que ella se encargaría de informarle sobre todo lo concerniente a sus clases.

                                                                ****
En otro lugar de esa misma ciudad, Marta aceleró el paso hacia el Café de París. Llovía incesantemente. Se había refugiado en aquel café, que era su favorito desde hacía tiempo. Pidió un té y al poco tiempo, el camarero le sirvió una tetera humeante de la cual emanaba un dulzón y agradable aroma a canela y menta.
Mientras se tomaba una taza, a pequeños sorbos, lentamente, miró a través de la ventana empañada por el calor del local. La gente se apresuraba de aquí para allá, calándose bajo la lluvia. Se estremeció, un espasmo de frío le provocó un ligero temblor y le obligó a echarse el abrigo sobre los hombros.
Aquel café se encontraba en una plaza de la cual partía una alameda. Los árboles desnudos se mecían con el viento...
Desde hacía años, su empresa la enviaba a esa ciudad para presentar la nueva campaña de sus productos. Siempre en la misma fecha, era la campaña navideña. Siempre la lluvia era la protagonista en los pequeños ratos libres y su refugio, el Café de París. Le hubiera gustado ir alguna vez en primavera y pasear bajo los álamos, y oler las rosas de los jardines...
Se sirvió otra taza y empezó a recordar la segunda vez que estuvo allí. Ese año no había ido sola, la había acompañado Esther, su secretaria. Tenían que ver a uno de los clientes cuando, de pronto, les sorprendió un aguacero y buscando donde protegerse, encontraron este café. Fue Esther la que pidió esta variedad de té, y a ella le gustó tanto, que ya siempre lo pedía.
Recordó a Esther, una vez más. Imposible no recordar. Tendría que haber dejado de ir a esa ciudad y a ese café. El aroma de su taza le hacía evocar a su secretaria, lo que le producía una extraña y dolorosa sensación.
Habían charlado mientras esperaban a que escampara. Esther llamó al cliente y atrasaron la cita para una hora después de la concertada. Era una chica muy agradable y eficiente. Además prefería ir acompañada, y sus jefes no pusieron ningún problema cuando les dijo que viajaría con ella.
Esther, se disculpó, y fue un momento al baño, dejando caer su abrigo en la silla.
Pasaron quince minutos y Esther no volvía. El móvil empezó a sonar con una cancioncilla vulgar y al poco se calló.
Veinticinco minutos. Le pareció mucho tiempo. Iban a llegar tarde a la cita y no se lo podían permitir, la empresa necesitaba a aquel cliente.
Bueno, quizás se estaba retocando, pero, su móvil volvió a sonar. Miró la pantalla sin atreverse a contestar. No le parecía bien, podía ser alguna llamada privada. Era una llamada oculta.
Treinta minutos. Se levantó y fue hasta el baño. Pensó que tenía que haber ido antes, ¿y si le había ocurrido algo? El baño estaba cerrado. Llamó y nadie respondió. Volvió a llamar, pero nadie respondía.
Salió, se acercó a la barra y le explicó al camarero lo que ocurría. Este, tomando la llave, fue con ella e intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada por dentro... Entonces, empezó a empujar, fuertemente, hasta que una fuerte patada hizo saltar el pestillo...Allí ¡no había nadie!
Le dijo que eso era imposible, la había visto entrar, no le cabía la menor duda, y no había salido. Su abrigo, su móvil estaban allí en la mesa. El baño no tenía ventana, pero Esther había desaparecido, sin dejar rastro, delante de sus narices y no volvió a saber de ella.

                                                                     ****
Clara se acostumbró al Café de París y casi todas las tardes de camino a casa se detenía a tomar un expreso. Los días navideños pasaban pero la gente seguía invadida por el consumismo característico de nuestra sociedad. Aquel día el café estaba atestado, no que daba una mesa libre, ni siquiera podía acercarse a la barra. Se dirigió al servicio, había cola..., esperó su turno pero cuando iba a entrar se le cayó el bolso desparramando todo su contenido; estuvo recogiendo sus cosas y cuando terminó se dio cuenta que se había quedado sola. Bueno, por fin podría entrar al baño. No podía abrir la puerta, parecía atascada o ¿es que aún quedaba alguien dentro? Empujó con el hombro y la puerta cedió...¡Oh! ¡Estaba ocupado! Se disculpó saliendo rápidamente. Unos minutos después salió la chica dirigiéndose al lavabo...y allí seguía, mirándose en el espejo con una rara expresión cuando Clara terminó de lavarse las manos.
El café estaba bastante despejado cuando Clara volvió del servicio. Se sentó en una mesa a esperar su expreso. Le encantaba ver como la camarera, sin preguntarle ya, le servía el expreso a su gusto. Llevaba un par de semanas pero aún no había salido con nadie de la facultad, la verdad es que le gustaría conocer gente, hacer amigos, quizás era pronto.

Vio a la chica que se dirigía hacia donde ella estaba, no, fue hasta la mesa de al lado y, no supo que pasó pero se formó un revuelo, había una mujer en el suelo, desmayada...La estaban atendiendo. Cuando volvió en sí no dejaba de repetir ¡No es posible! ¡No es posible! dirigiéndose a la chica del baño, la rara, que se estaba sirviendo una taza de té. ¿De dónde sales Esther? ¡Estás igual que el día que desapareciste! Esther miró a Marta, tomó un sorbo de té, no sabía de qué estaba hablando, sólo había ido un momento al baño y girándose hacia Clara le dijo que ella lo podría corroborar, pues habían coincidido en los lavabos...

                                                                  ****
Es primavera. El Café de París tiene su terraza llena y animada; en una de sus mesas tres amigas conversan, recuerdan cuando se conocieron. Clara las conoció, a Marta y a Esther, en este lugar, hacía varios años. Marta había ascendido, era la directora de la nueva delegación de su empresa en esta ciudad provinciana; Esther siguió con ella como secretaria; Clara, había encajado bien en la facultad. El decano, sus compañeros, los alumnos..., aquella ciudad provinciana..., sus dos amigas...La camarera se acerca, sirve un expreso a Clara y deja una tetera humeante que desprende un olor a canela y otras especias, para Esther y Marta. Esta le contaba la desaparición de Esther unos años antes de que las tres coincidieran allí; Clara nunca supo porqué se inventó esa historia, parecía obsesionada con ella. Esther se reía, mientras se tomaba la taza de té, no entendía nada, ¿por qué Marta se inventó aquella historia de su desaparición? Tampoco le explicó nunca qué hizo con su abrigo y su móvil y por qué cada vez que necesitaba ir al baño, la acompañaba. mmhr/2016
Foto: mmn/2011

jueves, 2 de junio de 2016

Un día vi 10.000 elefantes


   

Angono Mba, un octogenario guineano rememora desde el salón de su casa la expedición en la que hizo de porteador para el cineasta madrileño Manuel Hernández Sanjuán y su equipo, que los llevó entre 1944 y 1946 a recorrer la Guinea española documentando la vida en la colonia (por encargo del régimen franquista) y buscando un misterioso lago, donde según contaba una leyenda africana, se podían ver 10.000 elefantes juntos. De la obsesión del cineasta español por encontrar aquel lago, de las aventuras propias de una expedición por aquel lugar desconocido y de los sentimientos contradictorios de ambos personajes, surge esta historia de fascinación por África, el pasado y la memoria. 

TÍTULO: Un día vi 10.000 elefantes.
PAÍS: España
AÑO: 2015
DIRECIÓN: Alex Guimerá y Juan Pajares 
GUIÓN: Pere Ortín
REPARTO: 
GÉNERO: Documental. Animación. África (colonialismo años 40).  
PREMIOS: 63 Festival internacional de San Sebastián; Nominada als Premis Gaudí; Premio Lurra de Greenpeace; 30 Festival internacional de Mar del Plata; Tallinn Black Nights Film Festival 2015, ...

Me ha parecido interesante e innovador, no solo por el tema, el mensaje, si no también por su realización, la técnica, mejor dicho, la combinación de diversas técnicas (una equilibrada mezcla de formatos: cine de archivo, fotografías e ilustraciones animadas, animación stop motion y video digital). 

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