Puerto de Ribadeo (Lugo, Galicia). Fotos. mmhr/2009
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jueves, 2 de octubre de 2014

Lavadora ecológica


          Cuando yo era pequeña mi madre y mis abuelas tenían este tipo de "lavadora": un lebrillo de barro, rojo, vidriado, un refregador de madera de pino, y un taco de jabón verde, Lagarto, o mejor aún, hecho en casa reciclando aceite de oliva usado. Un día a la semana se dedicaba al lavado de la ropa; clasificándose y empezando por la ropa delicada, por la más limpia y terminando por aquellas llenas de mugre. Las más afortunadas tenían agua corriente en casa, con un grifo cerca del lebrillo e incluso le habían hecho un agujero para desagüar, normalmente al suelo del patio. Pero lo normal era acarrear agua de alguna fuente cercana, y estoy hablando de Sevilla capital, años 60. Como complemento al jabón se usaban el añil y la lejía para blanquear la ropa; también se soleaba la ropa, es decir se extendía al sol y este terminaba su labor ayudando al blanqueo, a que desaparecieran las manchas más rebeldes, que se salpicaban con agua hasta eliminarlas por completo y secándola. Ni que decir tiene que la ropa salía como los chorros del oro, mejor que con muchas automáticas. 

         El medio ambiente no se resentía para nada, pero, las mujeres, bueno, solían tener callos en las manos, la espalda molida de inclinarse sobre el refregador, a muchas se le deformaban las manos de tanto exprimir prendas grandes y gruesas; perdían mucho tiempo y, claro, llegó la época que se llama de la incorporación de la mujer al trabajo (que digo yo ¿es que no han trabajado siempre? Mis abuelas, por ejemplo, ambas trabajaban en la casa y fuera de ella, ¡vamos! que ya eran superwomen), entonces empezaron a llegar las lavadoras eléctricas a nuestros hogares ¡qué alivio!, los detergentes biodegradables más tarde, los anuncios del payaso de ... color, el suavizante, ... Ni que decir tiene que hubo mujeres que decían que como a mano ná de ná, pero hay que ver la que se organiza hoy en una casa cuando se avería la dichosa automática, electrónica y que prácticamente nos habla: es un desbarajuste; llamar al servicio técnico nos deja la cartera vacía; tenemos que cuidarla, mimarla pero duran lo que duran: la vida media de un aparato de este tipo es de unos diez años, si somos afortunados. La queremos, la deseamos, no podemos vivir sin ella. Aquí somos más de lavadora en casa que de lavanderías y es que los trapos sucios es mejor lavarlos en casa y no airearlos en lugares públicos, que después tó se sabe. mmhr (julio/2012)

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Foto:mmhr (Museo etnológico de Conil de la Frontera, febrero/2012)

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