Puerto de Ribadeo (Lugo, Galicia). Fotos. mmhr/2009

jueves, 5 de diciembre de 2019

Soledad

              La oscuridad más absoluta le envolvía desde hacía horas. Había perdido la noción del tiempo. El silencio era aún más inquietante que la oscuridad. ¿Cuántas horas hacía que era noche cerrada? La luna se había ocultado tras las cercanas montañas; las montañas..., recordó cuando subía al mirador para observar la ciudad, un paseo habitual. Aguzó el oído y, nada, no se oía nada, excepto el sonido producido por la suave brisa al mecer los sauces que rodeaban la casa. Las noches silenciosas y oscuras en soledad eran insoportables, ansiaba la llegada del nuevo día; algunas veces los negros pensamientos dominaban todo su ser, quizás, se decía en voz alta, sería mejor que no hubiera un nuevo día; quizás, así, no tendría que soportar más el silencio, la oscuridad, el miedo, sí, el miedo. 

            Había pasado mucho tiempo desde la última vez que oyó la voz de un ser humano, su risa, su llanto...Demasiadas noches solitarias, negras, silenciosas se habían sucedido desde aquel día, el último día que subió a la montaña y se encontró que la ciudad ¡había desaparecido! No quedaba rastro alguno. Nunca más encontró a otros seres humanos. Cansado, muy cansado de estar solo, en silencio; al principio, exploró, buscó, gritó...No había electricidad, las noches oscuras, silenciosas. 

          ¿Qué había ocurrido? No dejaba de pensarlo sin hallar una respuesta convincente. Tal vez, pensó, había llegado el momento de emigrar, en dirección contraria a la ciudad desaparecida. Tal vez, pensó, podría encontrar a otro ser humano o, incluso, a más de uno. La idea de ser el único ser humano vivo le aterraba. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Por qué en todo ese tiempo nunca apareció alguien a rescatarlo? 

           Mañana, se dijo en voz alta, dejaré este lugar, me alejaré y no dejaré de caminar hasta que escuche una voz, una risa o un llanto de otro ser humano...MMHR/2017

6 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Simplemente genial ...

Carlos Martinez dijo...

Inquietante. Esa soledad medio en ensoñación en la que uno cae y no ve manera de levantarse. Eso por no decir que asusta.

mmhr dijo...

Gracias, amigo Mark. Saludos.

mmhr dijo...

Ya ves, Carlos, en puertas de las vacaciones, las cosas que se me ocurren. Un abrazo.

-Juande- dijo...

Hola, profe, qué tal... Felices vacaciones.

Nos dejas aquí un excelente relato, intrigante, con un mensaje de soledad dilatada, en una voz sólida de un personaje con inquietudes confusas que intenta salir de un modo u otro de esa temida soledad que tal vez es más la que se teme que la esencia de la misma. ¿Qué es la soledad? Tal vez deberíamos preguntárnoslo más a menudo antes de temerla.

Por cierto (espera, estoy pensando...), la voz de la narración en este relato, me recuerda en algo, o me hace pensar, en Ray Bradbury, al final de “Faherenheit 451”, pero hace ya mucho que leí ese libro... lo tengo que volver a releer. Sí, recuerdo que al final había algo así, algo parecido a como lo que aquí nos dejas...

Gracias, me has ayudado a mover las neuronas.

Un abrazo.

mmhr dijo...

Muchas gracias, Juande. Saludos y felices vacaciones.

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