Puerto de Ribadeo (Lugo, Galicia). Fotos. mmhr/2009

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Arsen y Mefisto

        

        Arsen no era creyente. Tampoco creía en supersticiones. Le gustaba tentar a la suerte. Le encantaba su gato Mefisto, negro como el azabache, le gustaba pasar por debajo de una escalera mirando de reojo para ver quién miraba su osadía...

        Mefisto, su gato negro, se le cruzó un martes trece, se miraron y desde entonces supieron que no podrían vivir el uno sin el otro. El gato se quedó inmóvil y para cogerlo tuvo que pasar por debajo de una escalera...Desde entonces se acompañaban mutuamente.

        Sí, le gustaba tentar a la suerte. Se reía del miedo o la cobardía de la gente. Si había algún peligro y todos se resguardaban en sus casas, salía a la calle, desafiante. Para los vecinos era un diablillo desde pequeño, un loco cuando creció, y ahora le temían. Le temían porque con su actitud ponía en peligro a otros.

        Por ejemplo, en cierta ocasión, organizó una carrera de coches en la que retó a otra persona; era una noche infernal con fuertes chubascos, iban muy igualados cuando, de repente, en una maniobra de adelantamiento golpeó a su contrincante, el coche de este se salió de la carretera, volcó, se incendió y, dicen, que entre terribles aullidos murió el conductor. Mientras, él, se ufanaba de haber ganado la apuesta...

        Solía andar por los bajos fondos de la ciudad, siempre se movía en ambientes de dudosa reputación y, aunque ya le tenían calado, siempre conseguía que algún incauto cayera en sus redes aceptando sus retos.

        En otra ocasión se le ocurrió caminar por una cornisa a diez pisos de altura con los ojos vendados, evidentemente, habiendo caído un descerebrado en su reto. Os podéis imaginar, claro, el otro cayó estrellándose contra el suelo...Se marchó de allí, riendo, a carcajadas, de un modo siniestro...

        Lo cierto, pensaba, es que ya estaba aburrido de inventar tantos retos de tal calibre; también era cierto que cada vez tenía menos público al que timar. A la gente le gusta vivir, aunque tenga una mala vida. Esta vez, sí, esta vez retaría a las fuerzas de la naturaleza, o a ese Dios en el que creen tantos millones de personas, o al mismísimo diablo. No tenía muy claro todavía qué sería, tendría que pensarlo bien...

        Estaba sentado frente a la chimenea, Mefisto se subió a su regazo como hacía habitualmente cada noche. Mientras se tomaba un whisky, empezó a esbozar algo que parecía una media sonrisa en su feísimo rostro. Cogió el teléfono y llamó al periódico local y les dijo que anunciasen en una página completa que retaba a Satanás; el reto consistiría en que este, si es que es que existía y tenía el poder de ser el maligno, le enviara un rayo que terminara con su vida...

        Cuando el anuncio se publicó hubo gente que se santiguó ante tamaño reto, otros ni echaron cuenta, pero hubo muchos que, conociendo como solía ganar los retos, apostaron por él.

        "Si no pasaba nada..., pensaba el párroco, pero, ¿y si ocurría?" Los creyentes le consultaban a él, y la verdad, empezaba a cansarse de tener que consultar tanto la Biblia para darles explicaciones convincentes, pero rezaba y animaba a orar a sus feligreses para que el poder de Dios se manifestase.

        Pasaron algunas semanas, el tiempo era bueno, soleado, muy frío, pero no se avecinaba tormenta. Nunca antes, en esa ciudad, se había consultado tanto el parte meteorológico...

        Una noche, especialmente gélida, el fuego de la chimenea estaba prácticamente apagado, sentía mucho frío y se fue a la cama. Mefisto, como cada noche, le siguió, acurrucándose junto a su amo. Pronto quedaron dormidos. Habían pasado algunas horas, cuando Arsen empezó a revolverse en la cama, sudando, tenía una pesadilla, alguien le perseguía ¡tuvo miedo, por primera vez! De repente abrió los ojos y lo vio, ante él, sobre sus dos patas traseras, de pie sobre la cama estaba Mefisto, enorme, mirándolo con sus ojos amarillos, riéndose...No podía ser, seguía soñando, empapado en sudor, con la garganta seca y el corazón encogido, sin poder moverse, gritando: ¡Vaya pesadilla! ¡Qué terror!...Se dio cuenta de que seguía soñando. Quiso despertar, tenía que despertar...Pero, entonces, Mefisto, ese gato negro gigantesco, le lanzó un rayo que lo partió en dos, mientras se oían sus siniestras carcajadas...mmhr/2020

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